 | | Santiago Sánchez |
¿Cómo se enfrentó a este clásico contemporáneo? Creo que con el entusiasmo habitual con el que suelo trabajar cuando pongo una obra en escena. Sin embargo, “Calígula” de Camus, ha supuesto cierta diferencia para mí, ya que ha sido como cerrar un ciclo, puesto que venía de trabajar con “Galileo” de Beltor Brecht, obra en la que se refleja la utopía, el idealismo, pero desde una lectura positiva, contraria a la que se hace en “Calígula”. Aquí, la visión del hombre, es la de un enfermo de poder, y cómo desde ese poder, aniquila a la sociedad y se autoaniquila. En realidad, tal como te he dicho, he completado una especie de ciclo. ¿Por qué recuperar a Albert Camus? En realidad, por diversos motivos. Porque habla de la actualidad, de lo que acontece, porque estamos en deuda con él, porque sigue siendo ese autor desconocido en nuestro país… Ionesco y Sastre son autores muy populares, no sólo en nuestro país, pero Camus, que también es conocido, obviamente, parece que pagó su peculiar forma de ser. Era un hombre comprometido con su tiempo, con su pensamiento, fue tremendamente criticado cuando hizo aquellas declaraciones sobre la concesión del premio Nobel a Sastre, digamos que cayó en una especie de ostracismo, era un hombre totalmente desencantado. De lo que no se puede dudar es que, gracias a sus obras, hemos tenido un avance espectacular, en el pensamiento del siglo XX. Era un hombre que dudaba de todo, y eso le permitía avanzar, progresar en el conocimiento. Sólo hay que recordar aquella célebre frase suya: “Me revelo luego existo”. ¿Goza el teatro de buena salud? Pues sí. Atravesamos un momento donde todo está grabado, es decir, todas las imágenes a las que tenemos acceso son grabadas, artificiales, por ello, el placer en vivo tiene y tendrá su lugar. Hay que hacer todo lo posible por recuperar “el piel con piel”, observar la respiración del otro sobre el escenario, sus gestos, su palabra. En los últimos años, se están recuperando muchísimos espacios escénicos, como es el caso de Málaga con el recién estrenado Echegaray, y además, los circuitos escénicos están ayudando mucho con su labor. La respuesta es que sí, sin duda. El existencialismo formuló preguntas a las que la humanidad debía enfrentarse ¿Seremos capaces de plantear nuevas cuestiones, de “superar el existencialismo”? Creo que las grandes preguntas siguen estando ahí, la muerte, la creencia en un Dios, el paso del tiempo, etc.; por ejemplo, la humanidad hace mucho que mira al cielo intentando buscar una serie de respuestas a ciertas preguntas, lo único que ha cambiado desde ese “antes” es el replanteamiento teórico, pero las grandes cuestiones siguen siendo las mismas. La misión del teatro, en esta materia, debe ser muy clara: tender puentes. El teatro debe ser ese espejo en el que la sociedad pueda mirarse, para así encontrar las respuestas a esas grandes cuestiones que antes mencionaba. Por ejemplo, en Francia hay un autor libanés, Wajdi Mouawad, que vive en París tras haber pasado un periodo de exilio en Canadá, y que está reflejando de forma magistral lo que sucede en la sociedad, una sociedad que parece estar más preocupada por destruir la felicidad, ajena y propia, que por buscarla. Supongo que esa es la grandeza del teatro mostrarnos, mostrar la otredad en todas sus manifestaciones, además, incluso el teatro más anestésico tiene este tipo de contribución. Con este tipo de obras como la que usted ha llevado escena, ¿recupera el teatro ese lugar que le corresponde desde siempre, el de atalaya, faro de la sociedad? Sí, sin duda. Incluso te podría decir que ahora, más que nunca. Estamos viviendo una especie de fascismo cotidiano, en el que nos hemos abandonado, se ha perdido la ilusión, lo novedoso se silencia, y lo peor de todo esto, es que se acepta con naturalidad. Por ello creo que el Teatro debe ejercer de motor de la sociedad, pero cualquier tipo de teatro, ojo, no creo en los placeres excluyentes, no creo que el teatro más comprometido o sesudo, deba anular al más liviano, al de puro entretenimiento, sino que desde sus espacios, el Teatro puede y debe ser referente social. ¿Qué opinión tiene sobre el teatro que se está haciendo en nuestro país? Bueno, ahora mismo hay muchas líneas abiertas, algunas bastante interesantes. Lo que hay que pararse a reflexionar para ver a cuáles de ellas, se les abre la ventana y a cuáles no. Creo, además, que hay muy buenos autores y una magnífica tradición de compañías en España. Ahora bien, el peor error es creernos esa canción que decía que el mercado lo iba a regular todo. Aquí, llegados a este punto, es donde debemos reflexionar sobre la pregunta más incómoda pero más necesaria, ¿de qué hablamos, de arte o mercado? El mercado puede ser el enemigo del arte, por ello, es importante que aprendamos a prender pequeñas llamas, si me permites la metáfora, ya que de esas pequeñas llamas unidas, nacerán grandes incendios. ¿Cuál es esa obra que le queda por adaptar? He tenido la suerte de trabajar con tres clásicos “Galileo” de Brecht, “Calígula” de Camus, y “El quijote” del maestro Cervantes, obra en la que, además, pude trabajar con otro maestro Juan Margallo. Llevo cierto tiempo buceando en las autorías contemporáneas, pero siempre aparece la misma tentación que es Márquez, adaptar a García Márquez al teatro aunque reconozco que esta empresa sería bastante complicada ya que hay muchos submundos en sus obras. En definitiva, puedo afirmar que he cumplido mis tres grandes sueños con las obras que antes te he apuntado. ¿Qué indicaciones le dio a Sandro Cordero para que interpretase a Calígula? Llevo muchos años trabajando con la compañía, con Sandro Cordero, y puedo decirte que es un actor inteligentísimo, muy intuitivo e instintivo, por lo que el trabajo con él es muy fácil. Además, en el caso concreto del personaje de Calígula teníamos un componente físico a favor, ya que el estereotipo que todos tenemos en la cabeza de Calígula es radicalmente opuesto al físico de Sandro, y esto hace que visualmente sea muy interesante. Después está la forma de interpretar de Sandro, él hace algo fascinante, que es saber dejar el texto a la distancia adecuada, y que sea el instinto de actor el que camine hacia el mismo, y no a la inversa, como a veces nos empeñamos. Hemos hecho un viaje juntos, muy gratificante, cuyo resultado ha sido un Calígula enorme. "Calícula" de Albert Camus Dirección y versión: Santiago Sánchez Compañía: L'OM-IMPREBÍS 30 y 31 de octubre en el Teatro Echegaray (Localidades agotadas) Para ampliar la información sobre la compañía: www.imprebis.com |