 | | Raúl Díaz Rosales |
¿Qué podrá encontrar el lector en la segunda entrega de Catálogos de Valverde 32? Con el título de Hipotecas familiares, los editores (Ramón Díaz Guerrero y yo) hemos intentado plantear una breve cartografía de muestra de la influencia en la escritura. Aversiones, conversiones, diversiones, perversiones, reversiones... un posicionamiento lúdico ante la escritura que permite homenajear, denunciar, incluso maltratar textos; cómo se modula, al fin y al cabo, una voz en otras voces. La nómina es variada: Antonio Agredano, José Ángel Aldana, Luis Bagué Quílez, Cristina Castro Moral, David González, Paola Laskaris, Lorenzo Plana, Diego Vaya... Y como punto de partida, la obra de Max Aub, Hans Christian Andersen, Pablo Neruda, Aníbal Núñez, Francisco de Quevedo, Cesare Pavese, entre otros... También contará con traducciones de Vicente Fernández, Juan Antonio González Iglesias y David Marín Hernández. Como encuadre teórico del volumen, ensayos de Manuel Arias Maldonado y Vicente Luis Mora. En total, más de veinte autores en un volumen de diseño cuidado. La idea es transmitir la vitalidad de la tradición cultural, entendida como una hipoteca que nos permite acceder a un legado cultural admirado, o bien una herencia opresiva que puede ahogar a un poeta deseoso por deshacerse de ella. La poesía parece demandar nuevos soportes de difusión: poemas objeto, poemas visuales, poemas-performance... ¿Cómo ha afectado esta evolución a la poética?
Es cierto que se han extendido nuevas vías para la integración en la poesía de otros elementos artísticos, y para la vinculación de la poesía a otras formas de expresión artística. Pero el poema como construcción formal limitada a la escritura creo que sigue siendo la más sólida representación del ideal poético. Es positiva cualquier indagación que se lleve a cabo, derribar las fronteras que acotan cada formación artística, pero mi interés respecto a la poesía como la más elevada forma de expresión artística me hacen incidir en el soporte tradicional, que implica una escritura que será asumida en soledad por un lector provisto solo del texto y su voluntad para interpretarlo e interpretarse en relación con lo que le ofrece. ¿Cuál es la hipoteca de la narrativa y la poesía en nuestro país?
Quizás la necesidad de estar, de ser a nivel mediático, que se traduce en la persecución de premios, la pertenencia a circuitos, la militancia en corrientes estéticas... Además, hay que ser cada vez más joven, más radical en la propuesta. Y también en la poesía se extiende la endémica liquidez denunciada por Zygmunt Bauman: reinados efímeros de referentes coyunturales, que inmediatamente se queman. La novedad por la novedad, que nace caducada. La proliferación de premios, de editoriales, la autoedición... extiende y democratiza la poesía, pero también reparte más una atención ya escasa de por sí. La narrativa tiene un nicho de mercado más amplio, una mayor fortaleza económica. En cualquier caso, cualquier tipo de consideración global no sería más que una visión parcial de una producción literaria imposible de abarcar. Quizás ahora se escribe más, pero se lee menos. Incluso se escribe con menos vocación de corrección, que es el paso más importante de la escritura: desechar poemas, afilar versos... Usted es uno de los poetas jóvenes con mayor proyección dentro del panorama literario español. ¿Goza de buena salud nuestra poesía?
Si fuera cierto lo que afirma, tendría que decirle que la poesía está en fase terminal. Afortunadamente –agradeciéndole su bondad, por supuesto–, en este 2008 se han publicado libros como Desorden del amanecer, de Lorenzo Plana, Arquitectura efímera, de Francisco Ruiz Noguera, y el 2009 ha propiciado títulos como Pequeños círculos, de Alberto Santamaría y La sed adiestrada, de Julio César Jiménez; por citar algunos libros que ya indican un excelente estado de forma. Festivales como Cosmopoética, iniciativas como La bella Varsovia y la constante y estimulante presencia de revistas, fanzines y blogs, que han conseguido dar cabida a cualquier tipo de tendencia propician un panorama plural, amplio y en constante búsqueda de nuevos caminos. Al lector le queda la parte difícil, discriminar y elegir aquello que más se ajuste a su temperamento, a la finalidad que le otorgue a la poesía. Las manifestaciones del alumnado contra el Plan Bolonia no cesan. ¿De qué adolece el sistema universitario español?
Adolece del cultivo del esfuerzo mínimo, de cierta tibieza en el compromiso y, sobre todo, de un provincianismo aún rancio. Al Plan Bolonia cabe aplicar la queja de Gabriel Ferrater: "La cultura es un adorno y el negocio es el negocio". El problema es lo que ha ido perdiendo la universidad: cierta desinteresada ambición intelectual, entender el conocimiento como fin, no como medio... Aunque hay que decir que no son pocas las razones que empujan al optimismo por la renovación institucional. El marco europeo potencia el contacto con sistemas educativos de otros países, los jóvenes investigadores invierten un gran esfuerzo en una carrera que les sitúa, paulatinamente, en la élite de Europa. El problema reside probablemente en aceptar que una titulación, por sí misma, no será llave de ninguna puerta si no se consiguen los mejores resultados académicos. La socialización de la universidad no podía implicar la creación de una demanda laboral que asumiese a los titulados con ofertas óptimas de trabajo. Conseguir una situación equilibrada a este respecto será clave para que la universidad pueda obtener una identidad positiva reconocible para el alumnado. ¿Cuáles han sido sus referentes?
Pedro Casariego Córdoba me parece uno de los artistas más interesante de la segunda mitad del siglo XX en España. De Aníbal Núñez aprendí el gusto por la depuración de estilo, la creación sintáctica. Las de Lorenzo Plana y Álvaro García son direcciones poéticas que intento utilizar como guía, tanto en la construcción del imaginario poético como en la dicción, contrapunteando ambas influencias. Francisco Ruiz Noguera elabora una poesía con la que me siento muy identificado como lector, y que supone una concepción vital que vertebra los vanos ejercicios de memoria: sobriedad expresiva y contención emocional en la expresión del yo lírico. Nuevas voces como la de José Ángel Aldana parten de la tradición para reescribirla, de un modo absolutamente personal; este tipo de asunción de la influencia para elaborar un nuevo discurso es también un recorrido poético que intento practicar. Más jóvenes, de nuevo Alberto Santamaría, Julio César Jiménez, Ana Gorría... Claro está que uno lee lo que quiere, pero escribe lo que puede. Así que estos son los referentes de mis logros, sin ser culpables, claro, de los defectos. ¿Cómo ha influido la presencia de las nuevas tecnologías en la difusión de la poesía?
La proliferación de blogs, de revistas en Internet, o la posibilidad de enviar en formato pdf publicaciones de tirada limitada ha sido una gran ayuda para la difusión de contenidos. Hay una accesibilidad inmediata antes impensable que logra propagar y extender la creación. De nuevo, lo negativo reside en el excesivo caudal de textos a los que se enfrenta el lector. El amateurismo puede llegar a desanimar al más optimista. Pero hay que asumir que la red es terreno de experimentación, no un canon definitivo. ¿A qué tiene que enfrentarse un poeta?
Felipe Benítez Reyes decía que el poeta no debía ni traicionarse ni repetirse. Supongo que el papel en blanco implica esos dos riesgos. También el desinterés, el agotamiento del lenguaje, la escritura mecanicista... Indudablemente la escritura tiene algo de oficio, de perfeccionamiento, de trabajo arduo en la corrección, pero sin un componente sublime se consiguen versos correctos, pero no una obra de arte. No creo en un poeta que solo trabaje sus versos, ni en aquel invadido por la inspiración de las musas, sin interés por revisar los textos. Si he de elegir, claro, prefiero la autenticidad del segundo; porque en realidad tan sólo soy un poeta con momentos muy puntuales de inspiración a los que suelo llegar demasiado tarde. El último premio nacional de poesía, Joan Margarit, afirmó en una entrevista reciente que "Mi vida sirve para hacer poesía". ¿Se hace poesía porque se vive o se vive porque se escribe poesía?
Cada poeta tiene sus propias motivaciones. En mi caso puedo decir que en la poesía –que no es más que una parte de las múltiples que conforman el proyecto en desarrollo "Raúl Díaz Rosales"– encontré un hilo conductor, una justificación y una forma de entender la realidad y enfrentarme a la misma. Entiendo la poesía como expresión concisa de la belleza, ligada a un desarrollo emocional e intelectual que permita aprehender la realidad que nos conforma. Pero este tipo de desarrollo teórico al fin y al cabo se pierde en el día a día, en el ejercicio lúdico, finalmente, de escritura. Tan sólo construcciones de palabras, no debe haber más metafísica. Algunos poemas de Raúl Díaz Rosales
HOGUERA (de Elige tu último aniversario)
lentamente, la lluvia ha comenzado a construirse. luz que esquiva el cuerpo para oxidarse en olas apagadas, tirita el aire huérfano y el cielo se desmonta en torno al fuego.
está escrito en los hombros de las jóvenes: este es el fin de todos los veranos,
del brillo en el temor, los calendarios impacientes, los cementerios de algas, billetes de ida y vuelta al infinito.
y aunque la orilla agonice una súplica —nadie sabe cuánto invierno es capaz de aguantar un hombre solo— es cíclico el dolor, una marea atenta en el desgaste, implacable y displicente en las heridas.
es el paisaje en que enterrar tu infancia. con cuentos suicidas sobre la amarga seducción de las condenas podrás improvisar un responso frágil, mientras en torno al sol se contrae, llamas secas, el verano.
la pira fúnebre de viejos días, su magia en las cenizas, es la última postal de los veranos... de otra vida.
SUEÑO (inédito en libro, publicado en la revista Ex-Libris)
la casa era la misma. tú más joven, aunque triste y cansada como ahora. la gratitud de la belleza te ocupaba las tardes en el patio, los rosarios.
creo que yo era niño
hablabas del pasado, intentabas vivir en lo impreciso de otros días: el río que sembraba un azul débil, la casa familiar, el viejo roble. desgastado el color, la misma fuerza que retenía paisajes ya caducos.
toda felicidad es cruel, si es verdadera
sin querer despedirte me mirabas con la sonrisa abierta entre las manos. ¿esperabas llegar? ¿había destino?
irrumpe entonces una luz ambigua que habita y descompone el viejo sueño. solo —ya solo— invade la perfecta y torpe realidad en su indigencia.
la condena de haber sido felices, anécdota de sol buceando a oscuras, para imponer peaje a tantos años:
ya todo lo importante vale menos
PIAZZA CINQUE GIORNATE (inédito)
A esta plaza atas tu deseo, empeñado en hácertela habitable. La nieve asustada, el tranvía que no te llevará a ninguna parte; la vecchia chiesa, un lejano monumento a los huérfanos, te espera; incluso la inconstancia de esa joven rozándote, indecisa, tu mejilla, parece un buen hogar, cálido y tenue.
Falta la luz antigua que otro tiempo te pareció un canal oscuro de olas muertas, algunas señas de amistad y amor; pero hay bastante, o eso crees (volver ya no es un punto de partida).
Como el imperio que, al ataque de los bárbaros, dejase abolir su decadencia, te sometes a la última conquista. Una nostalgia tímida te enseña:
tu propia vida es la de un extraño.
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