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López Mondéjar: "Capacidad transformadora y vulnerabilidad afectiva conviven en el creador"

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Psicoanalista, periodista y escritora, Lola López Mondéjar parecía destinada a buscar los lazos que unen las circunstancias psicológicas a la creación. Y así, después de varias novelas, relatos y ensayos, ha publicado Psicoanálisis y creatividad: el Factor Munchausen (Cendeac, 2009). La autora quiere romper "con la idea del creador como un ser sólo atormentado, introduciendo una dualidad de mayor capacidad explicativa: fuerza y debilidad, capacidad transformadora y vulnerabilidad afectiva, conviven en el mismo sujeto". Para Mondéjar, un mundo sin seres creativos sólo puede existir "como una sociedad totalitaria, privada de libertad, y aún así  surgiría el acto creativo, pues, tal y como afirmaba Borges: la represión es la madre de la metáfora".
12/12/2009 | 18:03:00
Cristina Consuegra/Salvador Rivas

¿Cómo llegó a la escritura de su libro?

 

Por mi doble vertiente de psicoanalista y escritora de ensayo y narradora de ficción siempre me interesaron los procesos creativos. Al principio, me interrogaba, precisamente, justo por lo contrario: ¿cómo es posible que haya quienes no necesitan crear para vivir? De esa preocupación surgió un artículo en el que describía un síndrome cuyo nombre tomé prestado de una famosa psicoanalista, Joyce Mcdougall, la normopatía: la tragedia de los seres humanos identificados totalmente con las normas, con la repetición de lo mismo. Sin embargo, fue una invitación a participar en un congreso sobre cine y psicoanálisis la que, hace ya más de doce años, dio lugar a que reuniera mis primeros apuntes sobre la creatividad. A partir de ahí, el trabajo se fue elaborando poco a poco hasta reunir los capítulos que constituyen el libro actual.

 

¿Qué desea transmitir al lector?

 

Creo que la idea directriz del texto tiene que ver con su título: el Factor Munchausen. Lo tomé de la película de Terry Gillian Las aventuras del barón de Munchausen. En una escena, el barón sale del océano, en el que nos parece que está a punto de ahogarse, tirando hacia arriba de sus propios cabellos. Me pareció una metáfora plástica elocuente para expresar la capacidad de los creadores de salvarse de un trauma acontecido en algún momento de su vida mediante la producción de una obra. Esa capacidad de auto-repararse, de sanarse a través del arte o, al menos, de conseguir elaborar aspectos de lo traumático que, de otro modo, serían fuente de una angustia mucho mayor, es a lo que he llamado Factor Munchausen. La fuerza surge de uno mismo, y la hipótesis que barajo rompe con la idea del creador como un ser sólo atormentado, introduciendo una dualidad de mayor capacidad explicativa: fuerza y debilidad, capacidad transformadora y vulnerabilidad afectiva, conviven en el mismo sujeto.

 

¿Qué hubiese sido de la humanidad sin Freud?

 

Freud surgió en un momento histórico donde la idea de inconsciente a la que él dio forma estaba ya latiendo de muchas maneras en las obras de Schopenhauer, o de Nietzsche, tanto como en los grandes narradores del XIX que anticiparon, sin darles nombre, mecanismos que luego él explicó exhaustivamente. No hay más que leer Madame Bovary, escrita cincuenta años antes de que Freud firmase La interpretación de los sueños, para darnos cuenta de la capacidad analítica de Flaubert. La genialidad de Freud fue la de sistematizar esas ideas en un corpus teórico que, aún hoy, sigue siendo el más interesante para explicar la complejidad del ser humano y, por ende, también de sus producciones artísticas y sociales.

 

¿Y sin nuestra capacidad creadora?

 

La homogenización de los seres humanos en lo que antes llamé normopatía, es un horizonte horrendo. La capacidad creadora es consustancial a la especie humana, el niño juega y el hombre crea, escapa a la determinación aventurándose en nuevos horizontes. Sólo puedo imaginar un mundo donde no existan seres creativos como una sociedad totalitaria, privada de libertad, y aún así  surgiría el acto creativo, pues, tal y como afirmaba Borges: la represión es la madre de la metáfora.

 

En la primera parte de su libro usted escribe una frase tan bella como estimulante: “la música está ligada a aquellas emociones a las que no podemos poner palabras”. ¿Cuál es el efecto directo de la música en las personas, como receptoras de ésta?

 

La música afecta al cuerpo, lo toca, nos hace bailar, nos conmueve, está ligada a ritmos primigenios, intraducibles para el lenguaje hablado, inscritos en nuestras memorias corporales. La música se liga a emociones tanto como las produce. Podemos decir que es la expresión artística más etérea, es aire, y la más física al mismo tiempo; capaz de estimular y hacernos rememorar emociones, sentimientos y recuerdos con una viveza inigualable. La música sirvió a Orfeo para apaciguar a los demonios del infierno en su descenso para salvar a Eurídice, y este bello mito griego sirve también como metáfora de la creatividad. Esta capacidad sensorial de la música hace que muchos poetas sientan el anhelo de un regreso a un modo de expresión musical, casi onomatopéyico o rítmico, tal y como en el último capítulo del libro podemos ver en Cirlot, Clara Janés o el mismo Vladimir Holan.

 

¿Qué es más importante para la creatividad, la ficción o la realidad?

 

Creo que ambas están tan imbricadas en los creadores que es difícil saber qué pertenece a un campo o a otro. La creatividad se nutre de la totalidad de la experiencia humana, y somos tanto lo que sabemos y hacemos como lo que soñamos o imaginamos.

 

Tras una primera lectura de su libro, se tiene la impresión de la especial importancia que ha tenido el cuerpo para la mujer a la hora de crear. ¿Cuáles pueden ser los motivos o causas de este lugar primordial del cuerpo en la creación de la mujer?

 

La mujer que se aventura en la creación tiene una asignatura pendiente que no comparte con los hombres: la escasa tradición de las mujeres como creadoras. El patriarcado sometió a la mujer al imperativo de la reproducción: el único producto valorado socialmente en la mujer es su hijo (al resto de sus producciones se las considera artesanía; sólo muy tarde se le concede el estatuto de arte). La mujer ha sido siempre modelo para el artista, musa e inspiradora, pero ha ocupado pocas veces el papel protagonista, el de autora. De ahí que las mujeres creadoras han tenido que vencer un tipo de ansiedad ante la creación a la que se le ha llamado “ansiedad ante la autoría”; para tomar la palabra y legitimar sus producciones deben afirmarse primero como sujetos, algo que el patriarcado les había negado. Para crear hemos de tener conciencia previa de nuestro yo, y el cuerpo es el primer anclaje de ese yo personal. La mujer que crea comienza por afirmarse en su cuerpo como un proceso subjetivo primero ( de apropiación, de identificación con lo femenino, con su biografía particular), y político después, pues el cuerpo que muestra la mujer artista se separa del cuerpo idealizado por los hombres y lo exhibe en vertientes y facetas menos idílicas que ellos, más próximas a su corporeidad, a su afirmación como un sujeto que experimenta la feminidad en primera persona, un cuerpo que mira y observa, no ya como cuerpo para ser mirado. De ahí la insistencia de las artistas en mostrar su materialidad, sus accidentes biográficos, su interior mismo.

 

¿Por qué cree que existe esa continua necesidad de clasificar la literatura, el arte contemporáneo o el cine, por ejemplo, como perteneciente a lo femenino o masculino?

 

Me parece que en el proceso de legitimación de las producciones de las mujeres artistas -en cualquiera que sea su campo de expresión-, el patriarcado está elaborando una estrategia residual de dominación: clasificar de femeninas las obras de las mujeres. De esta manera se mantiene el universal para el hombre: la literatura, la pintura, el cine, producidos por ellos lo son sin calificativo alguno, mientras que se particulariza la experiencia de la mujer artista, marginándola del canon. La Literatura la hacen los hombres, quieren hacernos pensar, y las mujeres escriben literatura femenina. Es una resistencia consciente del stablishment, que espero que vaya cediendo a medida que la crítica sea más sensible a otras expresiones, menos temerosa y pacata.

 

Sin embargo, me gustaría añadir que en esta lucha las mujeres tenemos que ser beligerantes, los hombres han sido tradicionalmente los dueños de la teoría, del universo simbólico, y es hora de que con nuestras producciones vayamos conquistando ese universo y estableciendo modificaciones en él.

 

¿Qué encierra el Arte como Utopía que nos hace soñar con un mundo mejor?

 

Los hombres y las mujeres no nos conformamos nunca con la realidad, la recreamos necesariamente. El arte es lo mejor que la humanidad ha sido capaz de hacer, tanto en los momentos en los que ha pretendido crear objetos bellos como en otros donde abandona la belleza para denunciar los aspectos más oscuros de esa misma humanidad y de las sociedades que ella produce. La tensión entre realidad y arte es un elemento imprescindible para la riqueza de una cultura, para su capacidad regeneradora. Me interesa un arte que tenga por horizonte profundizar esa tensión entre lo existente y lo posible, pues entiendo que en ella en donde podemos encontrar lo mejor de nosotros mismos, así como los caminos para aproximarnos a ese mundo mejor al que aludes.

 

Y por último,… ¿de verdad están los poetas locos?

 

Como dice Maimónides, al que cito en el libro, “sin locura el mundo sería lúgubre”; los poetas están locos, pero es una locura poética, una locura sublimada que nos ha dado un conocimiento imposible de adquirir si no fuera a través de ellos. Junto a su locura poseen la cordura de luchar por su obra, de confiar en ella, de inscribirla en una tradición, mostrarla a sus contemporáneos y enfrentarse a sus críticas. La que conocemos como locura común no es en absoluto creativa, sino que se instala en las redes intemporales de la repetición, tiene más que ver con la normopatía que con la locura poética de los creadores. De modo que no debemos asustarnos de esa locura poética.

 

Del psicoanálisis al periodismo y la literatura

 

 

Lola López Mondéjar estudió Psicología en la Universidad de Murcia, completando su formación como psicoanalista en Madrid, Alicante, Milán y París.

Sus intereses como psicoanalista abarcan desde la problemática de la adolescencia y los estudios de género hasta la revisión de la teoría psicoanalítica confrontada con los síntomas contemporáneos. Sobre estos temas ha publicado diferentes artículos en revistas especialibiográfica zadas y volúmenes colectivos. En la actualidad, compagina su actividad clínica con la docencia en cursos universitarios de posgrado, conferencias, seminarios y congresos.

Durante cinco años fue columnista del diario La Opinión de Murcia, con una sección semanal, Desde el diván, donde reflexionaba sobre la actualidad desde el periodismo literario. Posteriormente, amplió el formato de sus colaboraciones con crónicas de viajes y la creación de perfiles humanos de personajes singulares y anónimos de la ciudad.

Del periodismo a la literatura, en 1997 publica su primera novela Una casa en La Habana (Editorial Fundamentos, Madrid) y, tres años después, la segunda: Yo nací con la bossa nova, en la misma editorial. Esta última recibió el premio Libro Murciano del Año 2000, en la modalidad de narrativa. No quedará la noche, tercera novela de la autora, apareció en el 2003 bajo el sello de la Editora Regional de Murcia. Algunos de sus relatos -Amazonas, El buda, Rehén, Pensamiento de amor, Cumpleaños feliz- han sido publicados en diferentes revistas y antologías. En marzo de 2008 se publica su primer libro de relatos, El pensamiento mudo de los peces (Editorial Páginas de Espuma) y, en octubre del mismo año, la novela Lenguas vivas (Ediciones Gollarín). En enero 2009 verá la luz el volumen de ensayos Psicoanálisis y creatividad: el Factor Munchausen (Cendeac).

En noviembre de 2009 se proclamó finalista del XXI Premio de Narrativa Torrente Ballester, con la obra La extranjera.

Desde 1999 dirige el programa literario La mar de letras, del Festival Internacional de Músicas del Mundo La mar de músicas, donde cada año se presenta una muestra de la cultura y la literatura de un país. Entre sus invitados: Joao Ubaldo Ribeiro, Joao Silverio Trevisan, Jaime Bayly, Gustavo Martín Garzo, Anita Nair, Sujata Bhatt, Clara Janés, Vicente Molina Foix, Ignacio Padilla, Fietta Jarque, Laura Restrepo, Rodrigo Fresán, Hugo Mujica, Alan Pauls, Sergio Bizzio, Elsa Osorio, Clara Obligado, Achmat Dangor. La mar de letras concede el premio literario internacional del mismo nombre, que descubre para los lectores españoles una novela inédita del país invitado a la correspondiente edición del festival. La novela ganadora es publicada por Ediciones El Cobre, copatrocinadora del premio.

Coordina, desde octubre 2005, diferentes talleres de escritura creativa, en la Biblioteca Regional de Murcia.


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Comentarios

Comentario publicado por ana moreno pueyo (anamorenopueyo[arroba]gmail.com) | 01/08/2010 03:08:09
una auténtica sorpresa este libro de Lola. aporta conceptos muy novedosos, tanto en creatividad, arte, psicoanálisis, arteterapia. lo he leído varias veces, ana
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