El Festival de Teatro de Málaga recibe el 7 de febrero en el Cervantes la ambiciosa producción: el director Joaquín Murillo es el encargado de ensamblar una obra con diecisiete actores y bailarines, una coreografía de Elia Lozano, y la música que registraron los veintidós músicos del Grupo Enigma, bajo la dirección de Juanjo Olives, sobre la partitura de Víctor Rebullida, y que aquí se reproduce pregrabada. La estética de Metrópolis, claramente deudora del expresionismo alemán, se construye con la hiperbólica caracterización de los personajes, efectos especiales, una escenografía fascinante y evocadora y una iluminación utilizada como chillido terrible. Esta recreación de la historia de la gigantesca ciudad de 2026 en la que todos los trabajos son realizados por máquinas enormes, manejadas por un "ejército" de trabajadores esclavos, ha sido definida por la crítica como “un poema visual, pictórico y lírico, bellamente esculpido en todos sus términos: la luz, el vestuario, el baile, la expresión corporal, la escenografía y la música”. La película En Metrópolis hay dos clases bien marcadas. Los obreros viven en laberínticos barrios subterráneos, mientras que la minoritaria clase dominante habita en la superficie, en los “jardines eternos”. Un robot incita a los trabajadores a rebelarse, pero un día Freder, el hijo del dirigente de la ciudad, Fredersen, se enamora de una bella joven, María, y en su búsqueda descubre la pobreza y los sufrimientos del mundo subterráneo. Con guión de la esposa de Fritz Lang, Thea Von Harbou, Metrópolis se ha considerado como la postrera obra maestra del expresionismo alemán, aunque algunos críticos discrepan y aluden a un eclecticismo en el que también cabrían futurismo, arquitectura de la Bauhaus y Art Decó. Igualmente, se ha hablado tanto del alegato marxista que representan las dos clases sociales diferenciadas y el desesperanzado grito contra un mundo deshumanizado como del cristianismo latente en la figura de María y de cierta proximidad argumental a un nacionalsocialismo con el que simpatizaba Von Harbou plasmada en el corporativismo y la colaboración entre clases. Y pese a que Lang no aprobaba algunos aspectos de la historia, como la idea del corazón como mediador entre la mano (la fuerza del trabajo) y el cerebro (las esferas directivas), y se dedicó más a los aspectos técnicos y arquitectónicos de la película, el resultado, aunque contradictorio, es el de una obra maestra. |