 | | David Eloy (Fotografía de Pepo Herrera) |
Hoy en día parece que la máxima ocupación y preocupación de los poetas es la de mostrarse y pasearse, asistiendo a entregas de premios, festivales literarios y demás acontecimientos culturales, en lugar de dejar hablar a su obra. En la actualidad, ¿tiene sentido la poesía a pesar del poeta? A lo que empezabas comentando: no hay nada que lamentar (al contrario, a mi juicio) en el hecho de que muchos poetas de hoy se muevan mucho y tengan más ocasiones y posibilidades de encontrarse con una mayor diversidad de oyentes y públicos: se trata, así, precisamente, de propiciar más oportunidades de acercar la obra a las gentes, de darles viva voz (hacerlas hablar, como bien dices) y presencia a su trabajo creativo. Cuando he sido invitado a festivales o encuentros literarios y artísticos esto ha supuesto para mí la alegría de compartir, de ofrecer mis palabras a gentes diversas, de aprender, de enfrentar mi obra, parte importante de mi vida, a más personas. También, con mis compañeras y compañeros del colectivo La Palabra Itinerante, de vez en cuando participo en la coordinación y programación de encuentros de poetas con el público: festivales, ciclos de poesía en vivo (Poesía en Resistencia, en sus diferentes sedes en Sevilla y Cádiz, sería un excelente ejemplo: por este ciclo han venido pasando en los últimos años más de cien creadores nacionales e internacionales)… Y doy fe de que estas situaciones son excelentes para la celebración de la poesía, para la comunicación poética y su capacidad de conmovernos y decir hondamente… La prueba de esto es la enorme cantidad de público, cálido, atento, agradecido, que suele acudir a propuestas como esta que confían en la palabra lúcida (y lúdica, ¿por qué no?), responsable, atenta al tiempo en que vivimos y con ganas de transmitir. A lo segundo que me comentabas: la poesía tiene sentido. “El cantar tiene sentido, / entendimiento y razón”, que cantaba el gran Chicho Sánchez Ferlosio. Una multitud de sentidos: acompañar, regalar, conmover, hacer pensar, hacer dudar, desvelar, jugar… La poesía es necesaria: nos ayuda a vivir. Nos da claves (alertas, recordatorios, estímulos, horizontes) y alegrías, consuelos y motivos… Nos vivifica… Claro, me refiero: si eso que estamos llamando poesía es realmente poesía, si se trata real y honestamente de poesía, eso tan difícil de definir pero no tan difícil de reconocer. ¿A pesar del poeta, me dices? A veces el poeta es parte esencial de su poesía… En la poesía he podido encontrar a gentes extraordinarias, seres humanos admirables, y por supuesto a gentes que no merecen comentario, supongo que como en todas las faenas y labores. ¿La poesía ha quedado definitivamente recluida a círculos minoritarios de autores y lectores? En absoluto. La poesía vive un momento espléndido en difusión y alcance. Hay muchísimas posibilidades de acceso a ella. Y tiene apasionados lectores, y la pasión contagia. ¿Qué efectos ha tenido tanto en su vida personal como profesional haber ganado diversos premios literarios?
Supusieron oportunidades de hacer llegar mi obra a algunos lectores más y me ayudaron a pagar el alquiler. ¿Cómo ha influido Internet en la literatura? Ha multiplicado la producción de literatura y ha extendido las posibilidades de acceso a ella. Ha aportado más y mejor información (a autores, lectores, editores…) y además rapidez a las comunicaciones. Por otro lado, el vivir en este espacio cultural de la cibercultura, en esta dimensión simbólica en la que estamos implicados, está dando a los escritores temas y formas nuevas para las escrituras. La Red es inagotable, está en permanente recreación, y por eso hay en ella de todo: lo más útil y generoso y lo más vacuo. Para mí lo menos interesante de la Red es aquello en lo que coincide con el Espectáculo –en el sentido del término aportado por la Internacional Situacionista–, cuando su sentido es servir, ponerse al servicio, de las lógicas de la contemplación hueca y la banalidad de todo (incluidos el mal, la bondad, el dolor), la difusión altisonante y gratuita de los egos y los negociados… especialmente cuando todo ello conlleva la justificación (directa o indirecta) de la dominación capitalista y sus estrategias y violencias, contenidos que suelen tender a la simplificación, al dogmatismo, a la pobreza ética y estética. ¿Leer realmente nos hace “mejores personas”? No necesariamente. Pero es una herramienta, una palanca posible, para movernos. Puede darnos pistas decisivas. ¿Quiénes han sido sus máximos referentes? Difícil decidir ahora sólo unos cuántos referentes. Muchos, y algunos tengo la suerte de tenerlos cerca y poder compartir camino a su lado. Recientemente, se está generando un debate en torno a la consideración de las letras de las canciones como estructuras poéticas independientes de la estricta visión académica. Autores como Morrisey o Bob Dylan, y en España Antonio Luque o el recién desaparecido Sergio Algora, han escrito letras para canciones que marcarán a generaciones enteras. ¿Cuál es su opinión sobre este tema? Para mí la literatura del rock, y de la música popular en general, ha sido siempre, desde mis primeras tentativas de escribir, una lectura (y escucha, claro) muy querida y muy valorada: Bob Dylan, Leonard Cohen, Tom Waits, Jim Morrison, Georges Brassens, Pixies, Joni Mitchell, P. J. Harvey, Ramones… Silvio Rodríguez, Roberto Iniesta, L. E. Aute, Rosendo, Javier Krahe, Burning, Marc Parrot, Juan Antonio Canta, Los Ronaldos, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Leo Masliah, Fito Páez… recientemente grupos como Raíces y Puntas, Pony Bravo, Los Delinqüentes, Nikita Nipone, Facto Delafé, Adrede o la Fundación de Raperos Atípicos de Cádiz, por decirte ejemplos bien diversos, o cantautores especialísimos como Daniel Mata en el Callejón del Gato, Iván Mariscal, David Wapner o Miguel Ángel García Argüez. ¿Está preparando su próximo libro de poemas? Acaba de aparecer el 4 de Agosto, en Logroño, un poemario llamado Los Huidos; lo que me ocupa ahora fundamentalmente es un libro de poemas en el que vengo trabajando desde hace ya unos años y que me está suponiendo una intensa y prolongada aventura creativa. Al mismo tiempo estoy elaborando una recopilación de mis prosas específicas (reseñas, artículos, prólogos, textos sueltos publicados aquí y allá por encargos o situaciones concretas) y, en colaboración con José María Gómez Valero, estoy preparando una antología de poemas de autores de la poesía española contemporánea que hemos utilizado (para disfrutarlos y para pensar la poesía y su práctica a la par) en los talleres de creación que ambos venimos desarrollando desde hace más de diez años; este libro aparecerá en 2009 en la editorial que nos lo ha pedido. Por otro lado, en la editorial Libros de la Herida (http://librosdelaherida.blogspot.com/), que conducimos, seguiremos moviendo los libros de los tres excelentes, apasionantes, autores que hemos editado hasta ahora (Pedro del Pozo, Juan Antonio Bermúdez y Manuel Fernando Macías) y nos volcaremos en breve en la edición del cuarto libro de poemas de la editorial: el último libro del escritor y director de cine madrileño Alberto Porlan, un crack, un maestro. Además, si el tiempo lo permite, nos gustaría publicar también el primer disco de Miguel Ángel García Argüez, que ya está grabado y producido. Usted, además de poeta, dedica parte de su tiempo a la difusión de la cultura. ¿Qué sobra y qué falta en la gestión de las actividades culturales en Andalucía? Es un tema complejo y demasiado amplio y diverso (lo enorme de Andalucía, lo diverso de las instituciones y proyectos) como para responderlo en pocas palabras, y no me gustaría caer en generalizaciones. Las instituciones públicas, ¿apoyan lo suficiente al conjunto de la industria editorial? No lo sé. Ni como editor ni como autor he solicitado hasta hoy ayuda o subvención alguna, quienes las hayan solicitado y se las hayan concedido, o no, seguro que pueden opinar mejor. Sí que he podido disfrutar de algún premio literario y, en no pocas ocasiones, he recitado mi obra, dado charlas sobre literatura o impartido talleres de creación literaria para instituciones públicas (universidades, juntas, ayuntamientos…), pero no sé si esto ayuda a responder tu pregunta. En el conjunto de la industria editorial, en lo que yo sé, hay opiniones sobre este asunto para todos los gustos, aunque con una cierta tendencia muy extendida, supongo que justificada, a la lamentación. cconsuegra@antequltura.es |